¿"Analfabetos"
o
"Comunicadores
Orales?
por Allan Lee B.
"Analfabetos" - un calificativo que a
menudo se utiliza en relación a los miembros de muchas etnias indígenas
por sus bajas tazas de alfabetización. El tono y el contexto en que se la
pronuncia puede comunicar un sentido de lástima o desprecio por aquellas
personas "ignorantes" y "atrasadas" que no saben leer.
¡Espere un momento! Vamos a ver las cosas de otra perspectiva.
Si una etnia indígena no cuenta con una forma
escrita de su idioma, o la hay pero es poca utilizada, ¿cómo, pues,
conservan y comunican de generación a generación su historia, sus
creencias, sus valores? ¿Acaso carecen de una riqueza cultural al no
tenerla "debidamente" documentada en volúmenes en una
biblioteca? Claro que no. Entonces, ¿que toma el lugar de la palabra
escrita que tanto valoramos nosotros?
Las culturas de tradición oral utilizan múltiples
medios de comunicación con gran eficacia para comunicar todo lo que es
importante para ellos, como los cuentos, las danzas, las ceremonias, los
cantos y otras expresiones artísticas. Por ejemplo, es común que haya en
los pueblos indígenas ancianos que sirven como "bibliotecas
andantes", sabiendo de memoria un sinfín de cuentos tradicionales y
relatos históricos del pueblo que pueden contar con gran habilidad.
Gente de tradición oral es igual de inteligente y
capaz de aprender nueva información como gente alfabetizada, solo que
aprende en formas distintas. Mientras la persona letrada se acostumbra a
aprender a través de presentaciones lógicas, analíticas y sistemáticas,
el comunicador oral aprende a través de las historias, las narrativas, el
ejemplo y los símbolos.
Estas diferencias fundamentales en cómo los dos
grupos procesan información tienen implicaciones de gran transcendencia
cuando consideramos la tarea de hacer entendibles las verdades bíblicas a
las etnias indígenas. La experiencia demuestra que estrategias de
comunicación elaboradas de una perspectiva literaria tendrán pocas
probabilidades de impactar efectivamente. Esto, tal vez sorprendentemente,
aún puede incluir presentaciones en formato audio o video que utilizan un
análisis analítico o la simple lectura de textos.
¿Cómo, pues, podemos comunicar el mensaje bíblico
efectivamente en el contexto de grupos autóctonos de tradición oral?
Nuestro reto es, primeramente, llegar a reconocer, entender y apreciar los
distintos medios de comunicación oral ya operantes en la cultura, y luego
buscar aprovecharlas para la transmisión del evangelio--y de gran
preferencia utilizando la lengua nativa. Algunas respuestas efectivas a
este desafío que han dado buenos resultados son el de contar historias
bíblicas en forma narrativa y cronológica y el de desarrollar cantos con
letra cristiana que aprovechan géneros e instrumentos autóctonos.
Mientras la alfabetización, sea en el español o la
lengua nativa, ciertamente puede ofrecer algunos beneficios para el
indígena, no podemos ni debemos esperar que sea un requisito para que
pueda entender el evangelio de Jesucristo y alcanzar la madurez espiritual.
Como nos fue modelado por Jesús, quien ministraba a un público con una
taza de alfabetización de solo un 5%, debemos de adecuar nuestros
métodos y medios a las realidades que presentan las culturas indígenas
que pretendemos alcanzar.